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Récord: Colombia matriculó 131.936 motos nuevas en julio de 2026

Colombia matriculó 131.936 motos en julio de 2026, récord histórico según ANDI y Fenalco. Bajaj lideró y la AKT 125 NKD fue la más vendida.

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Las 10 motos más vendidas en Colombia

Actualizado el 21 de agosto de 2026

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Colombia matriculó 131.936 motocicletas nuevas en julio de 2026, la cifra mensual más alta desde que existe la serie estadística conjunta de la ANDI y Fenalco. El dato, difundido el 1 de agosto, representa un crecimiento del 17,59 % frente a julio de 2025 y del 22,83 % frente a junio de este año, es decir 24.524 motos adicionales en apenas un mes. Bajaj y Suzuki encabezaron los registros, y la AKT 125 NKD volvió a ser la moto más vendida del país.

Con este resultado, el acumulado de enero a julio llega a 787.182 unidades, frente a las 602.306 del mismo periodo de 2025: 184.876 motos más y un crecimiento del 30,69 %.

Un récord que confirma la tendencia de 2026

El dato de julio no es un salto aislado. El mercado colombiano viene rompiendo marcas desde comienzos de año y ya superó el medio millón de unidades a mitad de 2026. Lo que cambia ahora es el ritmo: crecer casi 23 % de un mes a otro, en un julio que históricamente no es temporada alta, sugiere que la demanda no depende solo de las primas de mitad de año.

Si el promedio mensual se sostuviera en los niveles de julio, el país cerraría 2026 muy por encima del millón de matrículas. Conviene tomar esa proyección con pinzas: el último trimestre suele mover el promedio y todavía faltan cinco meses de datos.

Quién vendió más: las marcas líderes en julio

Bajaj lideró el mes con 21.898 unidades y una participación del 16,60 %. Suzuki quedó segunda con el 16,11 % del mercado. El tercer lugar, con una participación del 15,78 %, aparece atribuido a marcas distintas según la fuente consultada: La República lo asigna a AKT (20.826 unidades) mientras otros medios lo reportan a nombre de Honda.

En crecimiento porcentual frente a julio de 2025, entre las ocho marcas principales destacaron Honda (+31,42 %), TVS (+26,63 %) y Bajaj (+25,41 %). Es un dato relevante: las marcas japonesas e indias están creciendo por encima del promedio del mercado en un año en el que también irrumpieron jugadores nuevos, como el caso de Bera y su expansión acelerada.

Los modelos que mandan: 125 cc para trabajar

El podio de modelos deja poco margen a la interpretación:

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Modelo Marca Unidades (julio 2026)
AK125 NKD EIII AKT 9.045
XR190L 2.0 Honda 5.101
CT100 ES Spoke Bajaj 4.649

Los diez modelos más matriculados concentraron el 34,96 % del mercado nacional. Y la segmentación por cilindraje explica el porqué: el rango de 101 cc a 125 cc se llevó el 47 % de los registros, seguido por el de 151 cc a 200 cc con el 28,26 %.

Traducido: casi la mitad de las motos que se matriculan en Colombia son de baja cilindrada, económicas de mantener y pensadas para desplazarse a diario o generar ingresos. No es un mercado de aficionados; es un mercado de trabajo y movilidad.

Dónde se están matriculando

Por departamentos, Cundinamarca encabezó con 24.666 unidades (18,70 %), seguida de Antioquia con 21.363 (16,19 %) y Valle del Cauca con 14.078 (10,67 %).

El detalle por municipios es más revelador: Sabaneta, Funza y El Cerrito aparecen entre las ciudades con más registros. Son municipios pequeños en los que se concentran matrículas de compradores de otras zonas, un fenómeno ligado a las diferencias en el impuesto vehicular y en los costos de matrícula entre organismos de tránsito.

Qué significa esto para quien anda en moto

Un mercado que crece 30 % en el año tiene efectos concretos y no todos son buenos.

Del lado favorable: más competencia entre marcas suele traducirse en mejor equipamiento por el mismo precio, más planes de financiación y más oferta de repuestos y talleres. Marcas que hace tres años no existían en el país hoy pelean por participación.

Del lado incómodo: más motos circulando significa más congestión, más presión sobre la siniestralidad vial y más argumentos para que las autoridades locales endurezcan restricciones. También afecta el usado: cuando entran cientos de miles de unidades nuevas al año, el valor de reventa de los modelos de baja gama tiende a sufrir.

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Hay un factor adicional que conviene tener en el radar. El país avanza hacia la exigencia de frenos ABS y CBS en motos nuevas, un cambio que reordenará la oferta justo en los segmentos de 125 cc y 150 cc que hoy dominan las ventas. Quien esté pensando en comprar en los próximos meses haría bien en preguntar en el concesionario qué sistema de frenos trae el modelo y si está homologado bajo la nueva norma.

Para dimensionar hacia dónde va el parque automotor, vale la pena revisar las proyecciones sobre el crecimiento del parque de motos en Colombia: el récord de julio encaja con ese escenario.

El próximo dato relevante llegará a comienzos de septiembre, cuando ANDI y Fenalco publiquen el balance de agosto. Ahí se sabrá si julio fue un pico puntual o el nuevo piso del mercado colombiano.

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Comunicador social y periodista egresado de la Universidad Central, con diplomado en Marketing Digital, Aprendizaje de IA Generativa y Comunicación en la Salud de la Universidad del Rosario. Actualmente, con experiencia en medios de comunicación, donde aplica sus conocimientos y habilidades en SEO, redacción de contenido, creación de estrategias de marketing digital y comunicación. Su trabajo se enfoca en el posicionamiento On page y Off page por medio de estrategias de calidad que buscan informar, educar y entretener a los lectores.

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Nuevos semáforos en la glorieta de la calle 63 con carrera 50: ¿solución técnica o el nuevo caos vial de Bogotá?

La semaforización de la glorieta de la calle 63 con carrera 50 desató una intensa controversia en Bogotá. Mientras los conductores denuncian demoras y colapso vehicular, el Distrito defiende la medida con cifras de accidentalidad y la urgencia de proteger a peatones, ciclistas y atletas del sector.

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Para cualquier ciudadano que se ponga al volante en Bogotá, encender el motor en horas pico es una prueba de fuego para la paciencia, los frenos y la transmisión. Sin embargo, pocos puntos han generado tanta indignación, debate y choque de posturas en las últimas semanas como el emblemático anillo vial que conecta a las localidades de Teusaquillo y Barrios Unidos: la glorieta de la avenida calle 63 con carrera 50.

Lo que durante décadas funcionó bajo la regla tradicional del giro continuo y la prioridad de paso para quien ya estaba dentro de la rotonda, amaneció transformado en una intersección gobernada por luces rojas, amarillas y verdes. En los grupos de conductores de aplicaciones, gremios de taxistas y canales de tráfico en tiempo real, el veredicto de los automovilistas no tardó en estallar: se habla abiertamente de un colapso inducido, de filas interminables de vehículos y de una pérdida absoluta de fluidez en una de las pocas vías de escape que le quedaban al centro-occidente de la capital.

No obstante, detrás del volante y más allá de la exasperación por el pedal de freno, reposa una realidad técnica incontrovertible. El cruce no solo es un distribuidor de tráfico motorizado: es la arteria principal que alimenta el complejo deportivo, recreativo y cultural más trascendental del país. A continuación, desglosamos las cifras, los testimonios, las posturas de la ingeniería de tránsito y el choque político que rodea a esta polémica intervención urbana.

Aerial view of a cityscape featuring a roundabout with greenery in the center, surrounded by a mix of residential and commercial buildings, and mountains in the background under a cloudy sky.

Radiografía del trancón: ¿Por qué los conductores denuncian un colapso en la calle 63?

Desde la perspectiva del conductor particular, del transportador de carga liviana y del taxista, la glorieta siempre representó una válvula de desahogo dinámico. Si bien ingresar a ella en horas de alta congestión demandaba pericia, audacia y no pocos bocinazos, el vehículo mantenía un movimiento constante. La instalación de los semáforos quebró por completo ese patrón de conducción.

Los testimonios en la calzada apuntan a tres problemas inmediatos que configuran lo que la ciudadanía denomina «el nuevo caos»:

  1. Efecto acordeón y represamiento en vías arterias: El tiempo de detención obligatorio en los accesos a la glorieta ha extendido las filas de carros hacia el oriente hasta rozar la carrera 30 (avenida NQS) y hacia el occidente buscando la carrera 68, interfiriendo con los desvíos habilitados por las obras de infraestructura de transporte masivo.
  2. Consumo de combustible y desgaste mecánico: El régimen de frenado y arranque constante (stop and go) castiga severamente el embrague, las pastillas de freno y dispara el consumo de combustible de los automotores que quedan atrapados en ciclos semafóricos sucesivos dentro del propio anillo de giro.
  3. Falta de sincronización en accesos críticos: Los usuarios denuncian que las fases semafóricas no responden con suficiente agilidad a los picos de volumen que bajan por la calle 63 desde el oriente o que suben desde el sector de Pablo VI y La Esmeralda por la carrera 50.

El gremio automotor sostiene con vehemencia que las glorietas fueron diseñadas por los cánones de la ingeniería vial para prescindir de semáforos, y que colocar semáforos en sus accesos y salidas representa una contradicción técnica que anula el propósito mismo de la rotonda.

La versión oficial del Distrito: las cifras que justifican frenar los motores

Frente a la lluvia de críticas en redes sociales y medios de comunicación, la administración distrital encabezada por el alcalde mayor Carlos Fernando Galán y la Secretaría Distrital de Movilidad, bajo el liderazgo de María Fernanda Ortiz, presentó una defensa técnica respaldada por mediciones de campo y estudios de siniestralidad vial.

A woman wearing a bright green jacket and glasses gestures with her hand while speaking.

Para el Distrito, la fluidez de la que hablaban los conductores no era más que un espejismo sostenido sobre un riesgo de muerte inaceptable para los actores más vulnerables del sistema. Las estadísticas oficiales revelan un diagnóstico alarmante que obligaba a una intervención urgente:

Indicador de riesgo y volumenRegistro técnico consolidadoImpacto en la operación vial
Conflictos viales críticosHasta 1.300 eventos por horaManiobras de frenado de emergencia, invasión agresiva de carril y roces de carrocería en calzada.
Lesionados graves (2023–2025)19 personas heridasSaldo de 7 motociclistas, 5 ciclistas, 4 conductores, 2 pasajeros y 1 peatón.
Tráfico de ciclistas (día hábil)Más de 3.500 viajes diariosCiclistas que cruzan obligatoriamente entre las ciclorrutas de la 50 y la 63 sin prioridad garantizada.
Volumen peatonal (día hábil)590 personas al díaTranseúntes, trabajadores y estudiantes que cruzan a nivel entre Teusaquillo y Barrios Unidos.
Volumen peatonal (sábados)760 personas al díaDeportistas, niños y familias que acceden a los complejos deportivos del Simón Bolívar.
Percepción ciudadana de peligro68 % de los encuestadosUsuarios habituales que afirmaron haber presenciado o sufrido un conato de atropello en la glorieta.

De acuerdo con un sondeo estructurado realizado a 270 actores viales del sector, el 56 % calificó la infraestructura para peatones y bicicletas como totalmente deficiente, mientras que los factores de mayor riesgo identificados fueron el exceso de velocidad de los vehículos (20 %), el parqueo indebido sobre las bermas (17 %) y la carencia de pasos seguros demarcados (14 %). Para las autoridades, ignorar este cuadro de accidentalidad equivalía a tolerar una trampa mortal a cambio de ahorrar un par de minutos en el cronómetro del automóvil.

El choque político: La arremetida de Claudia López frente a la defensa de Galán

La semaforización de la calle 63 con carrera 50 trascendió rápidamente la discusión operativa para convertirse en una trinchera política entre dos visiones contrapuestas de ciudad.

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La exalcaldesa Claudia López abrió fuego público contra la medida implementada por la actual administración, calificándola de despropósito. A través de sus canales de comunicación, López sostuvo que las glorietas tienen como principio estructural permitir el flujo continuo y que la semaforización termina por asfixiar corredores que ya venían golpeados por desvíos y frentes de obra. Su tesis encontró eco inmediato entre los conductores particulares y asociaciones de transporte que ven en la luz roja un obstáculo arbitrario a la productividad urbana.

A smiling woman in a blue blazer and a colorful scarf stands with arms crossed in a garden area, with a historic building visible in the background.

La respuesta del Palacio Liévano no se hizo esperar. El secretario de Gobierno, Gustavo Quintero Ardila, y la secretaria de Movilidad, María Fernanda Ortiz, saltaron al ruedo para blindar técnicamente la obra. Quintero enfatizó que un trancón no se soluciona arriesgando la vida humana y recordó que la intervención respondió a solicitudes reiteradas de los comités barriales de Nicolás de Federmán, El Quirinal, El Rosario y Pablo VI.

A este respaldo institucional se sumaron expertos independientes en movilidad y sostenibilidad urbana como Darío Hidalgo, quienes recordaron que la pirámide de la movilidad urbana ubica en la cúspide al peatón y al ciclista, y en la base al vehículo motorizado particular. Hidalgo y los equipos técnicos distritales señalaron que semaforizar glorietas con alta densidad de tráfico no es un invento criollo ni una improvisación bogotana: es un estándar técnico aplicado con éxito comprobado en megaciudades del mundo como Madrid (en sus enlaces perimetrales de alta densidad), Ciudad de México (en nodos neurálgicos como el Ángel de la Independencia y la Glorieta de la Cibeles) y Washington D.C., donde el volumen de micromovilidad obliga a regular las entradas vehiculares para evitar bloqueos internos por bloqueo de carril.

¿Por qué semáforos y no un puente peatonal? La respuesta de la ingeniería moderna

Una de las preguntas más repetidas en las tertulias de conductores y en los foros ciudadanos es directa: «¿Por qué no construyeron un puente peatonal y dejaron pasar los carros por debajo sin frenarlos?».

La respuesta de los urbanistas y de la Secretaría de Movilidad es contundente: los puentes peatonales elevados representan, en su gran mayoría, un anacronismo urbano que castiga al ciudadano que camina para premiar la velocidad de los motores.

A view of a road labeled AC 63, showing a red car and two motorcycles traveling, with trees along the side and mountains in the background under a cloudy sky.

Existen tres razones técnicas y de diseño que explican el descarte definitivo del puente elevado:

  1. La prueba palpable a 150 metros: A escasos 150 metros de la glorieta existe un puente peatonal elevado. Dicha infraestructura permanece subutilizada de forma sistemática. Los transeúntes prefieren esquivar carros a nivel de piso antes que desviarse cientos de metros para subir rampas empinadas que resultan extenuantes, oscuras y percibidas como focos de inseguridad ciudadana.
  2. Exclusión y accesibilidad universal: Un puente peatonal con rampas normativas para personas en condición de discapacidad obliga a un usuario en silla de ruedas, a un adulto mayor o a una madre con coche a recorrer entre 200 y 300 metros adicionales de subida y bajada simplemente para cruzar una calzada de 15 metros. El diseño universal contemporáneo exige que las ciudades garanticen el tránsito continuo a nivel de rasante.
  3. El mecanismo de semaforización a demanda: La solución instalada en la calle 63 con carrera 50 no frena a los vehículos de manera arbitraria. Los semáforos peatonales ubicados en las salidas de la glorieta cuentan con pulsadores inteligentes (botones rojos de demanda) en los postes. Si no hay ningún peatón o ciclista que haya presionado el botón para solicitar el cruce, la fase vehicular se mantiene en luz verde continua, permitiendo el flujo ininterrumpido de automotores.

El corazón deportivo de Bogotá: entre el alto rendimiento, las familias y el asfalto

Para entender la trascendencia de esta glorieta hay que sacarla del mapa puramente vial y ubicarla en su contexto deportivo y recreativo. Este nodo vial es la puerta de entrada al epicentro del deporte bogotano y colombiano. A su alrededor confluyen escenarios de primer nivel:

  • El Parque Metropolitano Simón Bolívar, pulmón recreativo de la ciudad.
  • El Centro de Alto Rendimiento (CAR), base de entrenamiento de los mejores atletas y selecciones del país.
  • El Complejo Acuático Simón Bolívar, donde entrenan selecciones de natación, clavados y polo acuático desde categorías infantiles hasta el ciclo olímpico.
  • El Palacio de los Deportes, escenario de competencias bajo techo y eventos masivos.
  • El Parque de Los Novios y la Biblioteca Virgilio Barco, espacios que congregan a decenas de miles de familias cada semana.

Antes de la semaforización, ver cruzar a un grupo de niños nadadores con sus morrales deportivos, o a un clavadista en muletas tras una terapia física, era presenciar un acto de temeridad urbana. Los deportistas debían esperar durante minutos sobre separadores de concreto de apenas un metro de ancho, viendo pasar buses, motocicletas y carros particulares a más de 60 km/h que tomaban la curva acelerando a fondo.

Asimismo, este sector es paso obligado para miles de usuarios de la ciclorruta de la carrera 50, quienes debían arrojarse a la calzada vehicular arriesgando caídas o arrollamientos. A esta dinámica cotidiana se suma la celebración de carreras de atletismo de calle como la Expedición Bodytech, la Media Maratón de Bogotá y eventos culturales multitudinarios en el Simón Bolívar, como el Festival Cordillera, que transforman radicalmente la demanda operativa de estas calzadas.

Por si fuera poco, la entrada en funcionamiento de los semáforos coincidió cronológicamente con la imposición de comparendos sancionatorios en el carril preferencial para buses del SITP a lo largo de la calle 63. Esta medida busca priorizar a los más de 7.000 usuarios diarios del transporte público colectivo, restringiendo el carril derecho para los particulares y concentrando el flujo motorizado en los dos carriles restantes, lo que incrementó la sensación de congestión entre los propietarios de vehículos particulares.

Mitos y verdades: Guía rápida para entender la nueva glorieta

Para quienes deben transitar diariamente por la intersección de la calle 63 con carrera 50, el Centro de Gestión de Tránsito y los especialistas han trazado una línea divisoria entre los rumores de calle y el funcionamiento técnico real del sistema:

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Creencia popular / QuejaRealidad técnica verificadaRecomendación para el conductor
«La glorieta colapsó definitivamente y nunca volverá a fluir»Los semáforos evitan colisiones por entrecruzamiento, organizando el ingreso y manteniendo una velocidad promedio más constante.Respete la demarcación de carril antes de entrar y evite bloquear la intersección cuando la luz esté en amarillo.
«El semáforo se queda en rojo para los carros sin que pase nadie»Los pasos peatonales en las salidas son a demanda mediante botón; si nadie pulsa el dispositivo, el carro tiene verde permanente.Mantenga la calma en salidas despejadas; la luz roja solo dura los segundos necesarios para el paso seguro del transeúnte.
«Fue una obra caprichosa que no contó con la comunidad»La semaforización surgió de mesas barriales y una encuesta técnica de percepción a 270 actores viales de la zona.Esté alerta a la presencia de menores de edad y deportistas cruzando hacia el Complejo Acuático y el CAR.
«Semaforizar una rotonda es un error de ingeniería inédito»Es una práctica de diseño estándar en el urbanismo global para rotondas saturadas que superan los 1.000 vehículos/hora con alta concurrencia peatonal.Acomode su velocidad de aproximación a un máximo de 30 a 50 km/h para sincronizarse con los intervalos de verde.

El veredicto periodístico: la batalla por el modelo de ciudad

La acalorada discusión sobre los nuevos semáforos en la glorieta de la calle 63 con carrera 50 no es un simple choque entre conductores apurados y agentes de tránsito. Es la encarnación viva del dilema que define a Bogotá en pleno siglo XXI: decidir si las vías arterias continuarán siendo autopistas diseñadas con exclusividad para la velocidad del automóvil privado o si se convertirán en corredores de convivencia pacífica donde el peatón, el ciclista y el atleta tengan derecho a cruzar sin arriesgar la vida.

Los datos fríos demuestran que mantener la glorieta sin control semafórico no era sinónimo de fluidez perfecta, sino de una ruleta rusa de 1.300 conflictos por hora y decenas de personas lesionadas. El trancón que hoy desespera al automovilista no se produce únicamente por la presencia de una luz roja; se debe a un parque automotor desbordado, a frentes de obra simultáneos en los alrededores y a la falta de cultura vial para respetar los carriles de giro.

La tarea ineludible de la Secretaría Distrital de Movilidad y del Centro de Gestión de Tránsito no consiste en desmontar los semáforos para volver a la selva del más fuerte, sino en calibrar con precisión matemática los tiempos de los ciclos semafóricos mediante sensores en tiempo real. Si se logra una sincronización inteligente que dé verde al flujo vehicular mientras los pulsadores no registren peatones, Bogotá habrá demostrado que la protección de la vida no está peleada con la eficiencia del motor, logrando que el derecho a llegar rápido no se cobre jamás la integridad de quienes se desplazan a pie o en bicicleta.

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