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Motos eléctricas sin registro en Colombia: Impacto de la Ley 2486 y retos de seguridad vial

La micromovilidad eléctrica crece en Colombia, pero la Ley 2486 de 2025 plantea nuevos desafíos. Analizamos el impacto de los vehículos no matriculados, la falta de SOAT y el futuro de la seguridad vial frente al mercado regulado.

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Actualizado el 17 de abril de 2026

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El mercado automotor de dos ruedas en el país atraviesa por un momento de transformación, marcado por una transición hacia la movilidad sostenible. Es innegable que la micromovilidad eléctrica ha democratizado el transporte urbano, ofreciendo a miles de ciudadanos una alternativa de desplazamiento ágil, económica y de cero emisiones para sortear la congestión vehicular. Sin embargo, en paralelo, este auge ha evidenciado un incremento de vehículos no matriculados en las vías.

Mientras Colombia cerró el 2025 con más de 1,1 millones de motocicletas nuevas circulando en el marco regulado, un segmento no regulado ha tomado las calles: el de las motos eléctricas en Colombia que ruedan sin matrícula, sin Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT) y sin registro técnico.

Este escenario, derivado de la interpretación de normativas recientes y clasificaciones comerciales, representa un desafío para la seguridad vial, la economía del sector automotor y el sistema de salud. Cifras de gremios como la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI) señalan que de cada 10 motocicletas eléctricas que ingresan al país, nueve no figuran en los registros oficiales.

A continuación, analizamos las normativas vigentes, las cifras de importación frente al registro oficial, el impacto en las marcas reguladas y los retos para el 2026.

El laberinto normativo: La Ley 2486 y los criterios acumulativos

Para comprender la circulación de vehículos motorizados sin obligaciones de tránsito, es necesario revisar la evolución regulatoria. La Resolución 160 de 2017 del Ministerio de Transporte establecía que una bicicleta eléctrica o de pedaleo asistido no podía superar los 35 kg de peso, los 350 vatios de potencia, ni los 25 km/h, y su motor debía activarse exclusivamente mediante el pedaleo. Cualquier vehículo que superara estos límites era clasificado como ciclomotor, sujeto a matrícula, licencia y SOAT.

El escenario regulatorio se modificó con la promulgación de la Ley 2486 del 16 de julio de 2025, enfocada en promover la movilidad sostenible. Esta legislación introdujo la categoría de Vehículos Eléctricos Livianos de Movilidad Personal Urbana (VELMPU). El Artículo 15 de esta ley eximió de portar placa, licencia y seguro obligatorio a los vehículos que cumplan simultáneamente con parámetros técnicos como una potencia máxima de 1.000W, un peso inferior a 60 kg y una velocidad limitada a 40 km/h.

Actualmente, el Ministerio de Transporte se encuentra en un periodo de transición para reglamentar los detalles técnicos exactos. Durante este lapso, se han comercializado ciclomotores de alta potencia equipados con pedales no funcionales para la tracción bajo la categoría de bicicletas eléctricas, aprovechando los vacíos de interpretación sobre estos criterios.

Cifras del sector: La brecha entre el RUNT y la importación aduanera

El volumen de este segmento se hace evidente al contrastar las bases de datos estatales. Mientras en el Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT) figuran matriculados aproximadamente 1.090 vehículos eléctricos de dos ruedas en el último periodo consolidado, los registros de importación de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) reportan el ingreso histórico reciente de más de 120.000 unidades.

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Es importante precisar que esta cifra aduanera agrupa una variedad de vehículos de micromovilidad (patinetas, bicicletas de pedaleo asistido y ciclomotores). Dado que no todos exigían registro bajo normativas anteriores, resulta complejo establecer estadísticamente cuántos de ellos corresponden a la categoría que sí debería estar matriculada, lo que amplía la brecha frente al RUNT.

De acuerdo con el Concepto 3311 de 2024 de la DIAN, las bicicletas y patinetas eléctricas con un valor inferior a 50 Unidades de Valor Tributario (UVT) están excluidas del IVA, mientras que las motocicletas eléctricas que superen ese tope tributan una tarifa diferencial del 5%. Estas clasificaciones arancelarias han permitido la entrada de vehículos exentos de los procesos de homologación requeridos para motocicletas.

El impacto fiscal y el aseguramiento del SOAT

La ausencia del SOAT es uno de los principales efectos de este fenómeno. La Federación de Aseguradores Colombianos (Fasecolda) reporta que el 61% de las motocicletas en el país no cuenta con este seguro vigente, lo que equivale a más de 7,3 millones de motos.

Esta falta de cobertura genera un déficit estimado en $2,5 billones de pesos anuales en primas no emitidas, limitando los recursos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial para programas de prevención en cerca de $98.000 millones de pesos.

En el caso de los ciclomotores eléctricos no matriculados, no existe la posibilidad técnica de asegurarlos bajo el esquema actual, ya que, al carecer de placa, el sistema asegurador no permite la emisión de una póliza. En caso de siniestros viales que involucren a peatones o ciclistas, los costos médicos son asumidos por la Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (ADRES), trasladando el impacto financiero al sistema de salud público.

Seguridad vial y retos en el entorno urbano

Según datos preliminares de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), el año 2025 registró cifras críticas en las vías del país, con más de 7.000 fallecidos a corte de octubre, donde los usuarios de motocicleta representaron el 75% de las víctimas fatales.

La integración de motos eléctricas que superan los 50 kg y alcanzan velocidades de hasta 40 km/h en infraestructuras diseñadas para bicicletas convencionales ha generado nuevos desafíos de movilidad. Adicionalmente, los usuarios de estos vehículos no están obligados a contar con la capacitación, licencia de conducción, ni los elementos de protección exigidos para los motociclistas tradicionales.

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A este panorama de seguridad vial se suma un reto en materia de seguridad ciudadana. Informes de autoridades locales en Bogotá, Cali y Medellín indican que la ausencia de placas de identificación en estos vehículos dificulta la trazabilidad y el seguimiento a través de los sistemas de videovigilancia urbana.

El mercado regulado frente a los vehículos no matriculados

Las marcas y los importadores que operan bajo los lineamientos de homologación del Ministerio de Transporte reportan cambios en sus operaciones. El mercado de motos eléctricas registradas evidenció una contracción del 35,42% en sus ventas formales, pasando de 2.095 unidades a 1.353.

Empresas del sector automotor continúan ofertando vehículos homologados. Modelos de la marca Starker (comercializada por Auteco Mobility) reportaron ventas cercanas a las 2.000 unidades cumpliendo los requisitos legales. De igual forma, marcas internacionales como TVS, con su modelo iQube, han ingresado al mercado asumiendo los costos arancelarios y de registro correspondientes a un automotor.

Sin embargo, el sector regulado enfrenta el reto comercial de competir frente a una oferta de vehículos no regulados que omite costos de matrículas, impuestos y seguros bajo la premisa de no requerir licencia ni SOAT.

Perspectivas y soluciones para 2026

La Cámara de la Industria de Motocicletas de la ANDI ha instado a las entidades gubernamentales a establecer medidas para 2026. Estas incluyen fortalecer la revisión en los procesos de importación, establecer lineamientos para la publicidad comercial de estos vehículos y definir con exactitud los umbrales técnicos de la Ley 2486 de 2025.

Experiencias internacionales ofrecen modelos de regulación. En España, la Dirección General de Tráfico (DGT) exige a todo Vehículo de Movilidad Personal (VMP) contar con un certificado de circulación y una placa identificativa, obligando a la homologación previa. En Brasil, la Resolución 996 del CONTRAN categorizó estrictamente los ciclomotores para unificar su control.

El 2026 se perfila como un año decisivo para la movilidad eléctrica en Colombia. El principal reto de las autoridades será establecer un marco técnico definitivo que equilibre el fomento a las energías limpias y accesibles con la regulación del parque automotor, las garantías para las víctimas de accidentes de tránsito y la organización en las vías del país.

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Angelo Aponte

Angelo Aponte: Director creativo y de arte, cofundador y redactor SEO, además de analista en MundoMotor. También con experiencia en el monitoreo de radio, televisión y prensa para Simbiu.es y Simbiu.cl.


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Director creativo y de arte, cofundador y redactor SEO, además de analista en Mundo Motor. También con experiencia en el monitoreo de radio, televisión y prensa para Simbiu.es y Simbiu.cl.

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Cofundador y Director Creativo de Mundo Motor, medio especializado en motociclismo y tecnología. Comunicador social y periodista, enfocado en estrategia visual, contenido SEO y calidad editorial. Analista de monitoreo de medios (Chile y España) en SIMBIU.

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Nuevos semáforos en la glorieta de la calle 63 con carrera 50: ¿solución técnica o el nuevo caos vial de Bogotá?

La semaforización de la glorieta de la calle 63 con carrera 50 desató una intensa controversia en Bogotá. Mientras los conductores denuncian demoras y colapso vehicular, el Distrito defiende la medida con cifras de accidentalidad y la urgencia de proteger a peatones, ciclistas y atletas del sector.

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Para cualquier ciudadano que se ponga al volante en Bogotá, encender el motor en horas pico es una prueba de fuego para la paciencia, los frenos y la transmisión. Sin embargo, pocos puntos han generado tanta indignación, debate y choque de posturas en las últimas semanas como el emblemático anillo vial que conecta a las localidades de Teusaquillo y Barrios Unidos: la glorieta de la avenida calle 63 con carrera 50.

Lo que durante décadas funcionó bajo la regla tradicional del giro continuo y la prioridad de paso para quien ya estaba dentro de la rotonda, amaneció transformado en una intersección gobernada por luces rojas, amarillas y verdes. En los grupos de conductores de aplicaciones, gremios de taxistas y canales de tráfico en tiempo real, el veredicto de los automovilistas no tardó en estallar: se habla abiertamente de un colapso inducido, de filas interminables de vehículos y de una pérdida absoluta de fluidez en una de las pocas vías de escape que le quedaban al centro-occidente de la capital.

No obstante, detrás del volante y más allá de la exasperación por el pedal de freno, reposa una realidad técnica incontrovertible. El cruce no solo es un distribuidor de tráfico motorizado: es la arteria principal que alimenta el complejo deportivo, recreativo y cultural más trascendental del país. A continuación, desglosamos las cifras, los testimonios, las posturas de la ingeniería de tránsito y el choque político que rodea a esta polémica intervención urbana.

Aerial view of a cityscape featuring a roundabout with greenery in the center, surrounded by a mix of residential and commercial buildings, and mountains in the background under a cloudy sky.

Radiografía del trancón: ¿Por qué los conductores denuncian un colapso en la calle 63?

Desde la perspectiva del conductor particular, del transportador de carga liviana y del taxista, la glorieta siempre representó una válvula de desahogo dinámico. Si bien ingresar a ella en horas de alta congestión demandaba pericia, audacia y no pocos bocinazos, el vehículo mantenía un movimiento constante. La instalación de los semáforos quebró por completo ese patrón de conducción.

Los testimonios en la calzada apuntan a tres problemas inmediatos que configuran lo que la ciudadanía denomina «el nuevo caos»:

  1. Efecto acordeón y represamiento en vías arterias: El tiempo de detención obligatorio en los accesos a la glorieta ha extendido las filas de carros hacia el oriente hasta rozar la carrera 30 (avenida NQS) y hacia el occidente buscando la carrera 68, interfiriendo con los desvíos habilitados por las obras de infraestructura de transporte masivo.
  2. Consumo de combustible y desgaste mecánico: El régimen de frenado y arranque constante (stop and go) castiga severamente el embrague, las pastillas de freno y dispara el consumo de combustible de los automotores que quedan atrapados en ciclos semafóricos sucesivos dentro del propio anillo de giro.
  3. Falta de sincronización en accesos críticos: Los usuarios denuncian que las fases semafóricas no responden con suficiente agilidad a los picos de volumen que bajan por la calle 63 desde el oriente o que suben desde el sector de Pablo VI y La Esmeralda por la carrera 50.

El gremio automotor sostiene con vehemencia que las glorietas fueron diseñadas por los cánones de la ingeniería vial para prescindir de semáforos, y que colocar semáforos en sus accesos y salidas representa una contradicción técnica que anula el propósito mismo de la rotonda.

La versión oficial del Distrito: las cifras que justifican frenar los motores

Frente a la lluvia de críticas en redes sociales y medios de comunicación, la administración distrital encabezada por el alcalde mayor Carlos Fernando Galán y la Secretaría Distrital de Movilidad, bajo el liderazgo de María Fernanda Ortiz, presentó una defensa técnica respaldada por mediciones de campo y estudios de siniestralidad vial.

A woman wearing a bright green jacket and glasses gestures with her hand while speaking.

Para el Distrito, la fluidez de la que hablaban los conductores no era más que un espejismo sostenido sobre un riesgo de muerte inaceptable para los actores más vulnerables del sistema. Las estadísticas oficiales revelan un diagnóstico alarmante que obligaba a una intervención urgente:

Indicador de riesgo y volumenRegistro técnico consolidadoImpacto en la operación vial
Conflictos viales críticosHasta 1.300 eventos por horaManiobras de frenado de emergencia, invasión agresiva de carril y roces de carrocería en calzada.
Lesionados graves (2023–2025)19 personas heridasSaldo de 7 motociclistas, 5 ciclistas, 4 conductores, 2 pasajeros y 1 peatón.
Tráfico de ciclistas (día hábil)Más de 3.500 viajes diariosCiclistas que cruzan obligatoriamente entre las ciclorrutas de la 50 y la 63 sin prioridad garantizada.
Volumen peatonal (día hábil)590 personas al díaTranseúntes, trabajadores y estudiantes que cruzan a nivel entre Teusaquillo y Barrios Unidos.
Volumen peatonal (sábados)760 personas al díaDeportistas, niños y familias que acceden a los complejos deportivos del Simón Bolívar.
Percepción ciudadana de peligro68 % de los encuestadosUsuarios habituales que afirmaron haber presenciado o sufrido un conato de atropello en la glorieta.

De acuerdo con un sondeo estructurado realizado a 270 actores viales del sector, el 56 % calificó la infraestructura para peatones y bicicletas como totalmente deficiente, mientras que los factores de mayor riesgo identificados fueron el exceso de velocidad de los vehículos (20 %), el parqueo indebido sobre las bermas (17 %) y la carencia de pasos seguros demarcados (14 %). Para las autoridades, ignorar este cuadro de accidentalidad equivalía a tolerar una trampa mortal a cambio de ahorrar un par de minutos en el cronómetro del automóvil.

El choque político: La arremetida de Claudia López frente a la defensa de Galán

La semaforización de la calle 63 con carrera 50 trascendió rápidamente la discusión operativa para convertirse en una trinchera política entre dos visiones contrapuestas de ciudad.

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La exalcaldesa Claudia López abrió fuego público contra la medida implementada por la actual administración, calificándola de despropósito. A través de sus canales de comunicación, López sostuvo que las glorietas tienen como principio estructural permitir el flujo continuo y que la semaforización termina por asfixiar corredores que ya venían golpeados por desvíos y frentes de obra. Su tesis encontró eco inmediato entre los conductores particulares y asociaciones de transporte que ven en la luz roja un obstáculo arbitrario a la productividad urbana.

A smiling woman in a blue blazer and a colorful scarf stands with arms crossed in a garden area, with a historic building visible in the background.

La respuesta del Palacio Liévano no se hizo esperar. El secretario de Gobierno, Gustavo Quintero Ardila, y la secretaria de Movilidad, María Fernanda Ortiz, saltaron al ruedo para blindar técnicamente la obra. Quintero enfatizó que un trancón no se soluciona arriesgando la vida humana y recordó que la intervención respondió a solicitudes reiteradas de los comités barriales de Nicolás de Federmán, El Quirinal, El Rosario y Pablo VI.

A este respaldo institucional se sumaron expertos independientes en movilidad y sostenibilidad urbana como Darío Hidalgo, quienes recordaron que la pirámide de la movilidad urbana ubica en la cúspide al peatón y al ciclista, y en la base al vehículo motorizado particular. Hidalgo y los equipos técnicos distritales señalaron que semaforizar glorietas con alta densidad de tráfico no es un invento criollo ni una improvisación bogotana: es un estándar técnico aplicado con éxito comprobado en megaciudades del mundo como Madrid (en sus enlaces perimetrales de alta densidad), Ciudad de México (en nodos neurálgicos como el Ángel de la Independencia y la Glorieta de la Cibeles) y Washington D.C., donde el volumen de micromovilidad obliga a regular las entradas vehiculares para evitar bloqueos internos por bloqueo de carril.

¿Por qué semáforos y no un puente peatonal? La respuesta de la ingeniería moderna

Una de las preguntas más repetidas en las tertulias de conductores y en los foros ciudadanos es directa: «¿Por qué no construyeron un puente peatonal y dejaron pasar los carros por debajo sin frenarlos?».

La respuesta de los urbanistas y de la Secretaría de Movilidad es contundente: los puentes peatonales elevados representan, en su gran mayoría, un anacronismo urbano que castiga al ciudadano que camina para premiar la velocidad de los motores.

A view of a road labeled AC 63, showing a red car and two motorcycles traveling, with trees along the side and mountains in the background under a cloudy sky.

Existen tres razones técnicas y de diseño que explican el descarte definitivo del puente elevado:

  1. La prueba palpable a 150 metros: A escasos 150 metros de la glorieta existe un puente peatonal elevado. Dicha infraestructura permanece subutilizada de forma sistemática. Los transeúntes prefieren esquivar carros a nivel de piso antes que desviarse cientos de metros para subir rampas empinadas que resultan extenuantes, oscuras y percibidas como focos de inseguridad ciudadana.
  2. Exclusión y accesibilidad universal: Un puente peatonal con rampas normativas para personas en condición de discapacidad obliga a un usuario en silla de ruedas, a un adulto mayor o a una madre con coche a recorrer entre 200 y 300 metros adicionales de subida y bajada simplemente para cruzar una calzada de 15 metros. El diseño universal contemporáneo exige que las ciudades garanticen el tránsito continuo a nivel de rasante.
  3. El mecanismo de semaforización a demanda: La solución instalada en la calle 63 con carrera 50 no frena a los vehículos de manera arbitraria. Los semáforos peatonales ubicados en las salidas de la glorieta cuentan con pulsadores inteligentes (botones rojos de demanda) en los postes. Si no hay ningún peatón o ciclista que haya presionado el botón para solicitar el cruce, la fase vehicular se mantiene en luz verde continua, permitiendo el flujo ininterrumpido de automotores.

El corazón deportivo de Bogotá: entre el alto rendimiento, las familias y el asfalto

Para entender la trascendencia de esta glorieta hay que sacarla del mapa puramente vial y ubicarla en su contexto deportivo y recreativo. Este nodo vial es la puerta de entrada al epicentro del deporte bogotano y colombiano. A su alrededor confluyen escenarios de primer nivel:

  • El Parque Metropolitano Simón Bolívar, pulmón recreativo de la ciudad.
  • El Centro de Alto Rendimiento (CAR), base de entrenamiento de los mejores atletas y selecciones del país.
  • El Complejo Acuático Simón Bolívar, donde entrenan selecciones de natación, clavados y polo acuático desde categorías infantiles hasta el ciclo olímpico.
  • El Palacio de los Deportes, escenario de competencias bajo techo y eventos masivos.
  • El Parque de Los Novios y la Biblioteca Virgilio Barco, espacios que congregan a decenas de miles de familias cada semana.

Antes de la semaforización, ver cruzar a un grupo de niños nadadores con sus morrales deportivos, o a un clavadista en muletas tras una terapia física, era presenciar un acto de temeridad urbana. Los deportistas debían esperar durante minutos sobre separadores de concreto de apenas un metro de ancho, viendo pasar buses, motocicletas y carros particulares a más de 60 km/h que tomaban la curva acelerando a fondo.

Asimismo, este sector es paso obligado para miles de usuarios de la ciclorruta de la carrera 50, quienes debían arrojarse a la calzada vehicular arriesgando caídas o arrollamientos. A esta dinámica cotidiana se suma la celebración de carreras de atletismo de calle como la Expedición Bodytech, la Media Maratón de Bogotá y eventos culturales multitudinarios en el Simón Bolívar, como el Festival Cordillera, que transforman radicalmente la demanda operativa de estas calzadas.

Por si fuera poco, la entrada en funcionamiento de los semáforos coincidió cronológicamente con la imposición de comparendos sancionatorios en el carril preferencial para buses del SITP a lo largo de la calle 63. Esta medida busca priorizar a los más de 7.000 usuarios diarios del transporte público colectivo, restringiendo el carril derecho para los particulares y concentrando el flujo motorizado en los dos carriles restantes, lo que incrementó la sensación de congestión entre los propietarios de vehículos particulares.

Mitos y verdades: Guía rápida para entender la nueva glorieta

Para quienes deben transitar diariamente por la intersección de la calle 63 con carrera 50, el Centro de Gestión de Tránsito y los especialistas han trazado una línea divisoria entre los rumores de calle y el funcionamiento técnico real del sistema:

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Creencia popular / QuejaRealidad técnica verificadaRecomendación para el conductor
«La glorieta colapsó definitivamente y nunca volverá a fluir»Los semáforos evitan colisiones por entrecruzamiento, organizando el ingreso y manteniendo una velocidad promedio más constante.Respete la demarcación de carril antes de entrar y evite bloquear la intersección cuando la luz esté en amarillo.
«El semáforo se queda en rojo para los carros sin que pase nadie»Los pasos peatonales en las salidas son a demanda mediante botón; si nadie pulsa el dispositivo, el carro tiene verde permanente.Mantenga la calma en salidas despejadas; la luz roja solo dura los segundos necesarios para el paso seguro del transeúnte.
«Fue una obra caprichosa que no contó con la comunidad»La semaforización surgió de mesas barriales y una encuesta técnica de percepción a 270 actores viales de la zona.Esté alerta a la presencia de menores de edad y deportistas cruzando hacia el Complejo Acuático y el CAR.
«Semaforizar una rotonda es un error de ingeniería inédito»Es una práctica de diseño estándar en el urbanismo global para rotondas saturadas que superan los 1.000 vehículos/hora con alta concurrencia peatonal.Acomode su velocidad de aproximación a un máximo de 30 a 50 km/h para sincronizarse con los intervalos de verde.

El veredicto periodístico: la batalla por el modelo de ciudad

La acalorada discusión sobre los nuevos semáforos en la glorieta de la calle 63 con carrera 50 no es un simple choque entre conductores apurados y agentes de tránsito. Es la encarnación viva del dilema que define a Bogotá en pleno siglo XXI: decidir si las vías arterias continuarán siendo autopistas diseñadas con exclusividad para la velocidad del automóvil privado o si se convertirán en corredores de convivencia pacífica donde el peatón, el ciclista y el atleta tengan derecho a cruzar sin arriesgar la vida.

Los datos fríos demuestran que mantener la glorieta sin control semafórico no era sinónimo de fluidez perfecta, sino de una ruleta rusa de 1.300 conflictos por hora y decenas de personas lesionadas. El trancón que hoy desespera al automovilista no se produce únicamente por la presencia de una luz roja; se debe a un parque automotor desbordado, a frentes de obra simultáneos en los alrededores y a la falta de cultura vial para respetar los carriles de giro.

La tarea ineludible de la Secretaría Distrital de Movilidad y del Centro de Gestión de Tránsito no consiste en desmontar los semáforos para volver a la selva del más fuerte, sino en calibrar con precisión matemática los tiempos de los ciclos semafóricos mediante sensores en tiempo real. Si se logra una sincronización inteligente que dé verde al flujo vehicular mientras los pulsadores no registren peatones, Bogotá habrá demostrado que la protección de la vida no está peleada con la eficiencia del motor, logrando que el derecho a llegar rápido no se cobre jamás la integridad de quienes se desplazan a pie o en bicicleta.

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